El ARTE al servicio del ESTATUS.
En los últimos años, el arte contemporáneo ha adquirido un nuevo rostro, alejándose de su esencia creativa y transformándose en una mercancía valiosa para inversionistas y coleccionistas.
Las obras ya no solo evocan emociones, sino que se han convertido en símbolos de estatus y herramientas financieras que prometen retornos considerables.
Sin embargo, esta transformación ha introducido riesgos significativos, como la manipulación de precios y la creación de burbujas que inevitablemente terminan afectando a los artistas.
En este panorama, surge una pregunta esencial: ¿Hemos olvidado que el ARTE debería valorarse por su capacidad de comunicar y trascender, más allá de las cifras?
B.pola
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